Rara sensación de estabilidad, que en realidad no es estable, ni segura, ni certera…en realidad, la realidad, la actualidad es una incógnita.
Aunque algunas cosas hayan comenzado a acomodarse, todavía planificar es un verbo inútil. Como decía Descartes, lo único que puedo hacer es dudar, aunque no dudo de que pienso y que por eso existo.
Y existo. Sí, existo! Más de lo que debería. Ocupo más espacio, masa y superficie de la que me corresponde, de lo que mi cerebro y mi autoestima baja pueden tolerar. Y además, más de lo recomendable para mis bajones depresivos, mi economía y mi corazón solitario.
Aunque este exceso de materia grasa que rodea mi cuerpo sea producto de las ansiedades propias de la inestabilidad del principio, inestabilidad que provoca nervios y angustia y necesidad de devorar, de autofagocitar mis energías, de lastimar mi mente y castigar mi cuerpo, por no poder enfrentar los problemas, solucionarlos o cambiar las cosas que no me gustan. Como si se lo hiciera a otro, con actitud de venganza, como si disfrutara con mi propio dolor.
Dolor en la piel, que es violentada, invadida por grasa y obligada a estirarse, correrse de su lugar. Dolor en los huesos, en los músculos que son desplazados, que se recubren de kilos que no me pertenecen.
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